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Las grandes favoritas de Sitges han resonado finalmente en el palmarés de su sección oficial. Borgman, la gran ganadora de esta 46 edición del Festival de Cine Fantástico de Cataluña, es la producción holandesa que ha conseguido traer la originalidad y las nuevas formas de terror a un festival que parece estar cada año menos sediento de sangre y más hambriento de horror psicológico. Por su parte, la americana Coherence y la israelí Big Bad Wolves se han llevado más de un reconocimiento, y una gran aceptación entre el público de Sitges, que ya espera con ansia disfrutar de sus nuevas propuestas y creaciones internacionales del género.

Premio a la mejor película fantástica en competición:

BORGMAN - Alex van Warmerdam (2013)

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Nadie podía esperar que la ganadora fuera Borgman, porque nadie podía esperar que existiera algo como Borgman. La ganadora de esta edición se nos ha colado en Sitges con una historia limpia de sangre, con un misterio que escala, y un humor incómodo que aún desbordante de referencias al cine pasado nos deja una obra de suma novedad. Alex van Warmerdam, artista multidisciplinar que ha trabajado con multitud de oficios del audiovisual y el teatro como la interpretación y la composición musical, emplea en Borgman toda su concentración en el desempeño de su ahora único cometido, manejando los hilos de la historia desde su silla de director de cine, un lugar en el que confiesa encontrar un lenguaje lleno de recursos con los que dirigir la mirada del espectador hacia el montaje preciso montaje que desvele su propia sugerencia sobre esas historias suyas que nunca llegan a contarse del todo.

Borgman es un vagabundo que tras una serie de circunstancias se introducirá en la acogedora casa de diseño de los Schendel, familia arquetipo de la media-alta burguesía europea que encierra el caos ético bajo una superficie de hormigón y cristal. Bajo el pretexto de unas desalmadas ganas de jugar, Borgman y su séquito de ayudantes se convertirán en una versión draculiana del hitman contemporáneo. Su extraña conducta, un sereno liderazgo y unas inquietantes habilidades en las artes de la persuasión y la seducción designan a este personaje carente de moral que arrastra silenciosamente a toda una familia a convivir con con él en su nuevo vergel de las atrocidades. El humor se cuela entre las muestras de crueldad que sin embargo nos transmiten una alienada sensación de calma y nos hacen pensar en los límites de la violencia y lo terrorífico de las nuevas formas del mal, como si de una guerra fría cuerpo a cuerpo se tratase entre personajes apáticos pero simpáticos, que reencarnan demonios que no hacen sufrir con sangre y abandonan las emociones para justificar un misterioso fin.

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En Borgman, la crítica social o el humor no son los puntos de partida, sino sensaciones con las que el espectador se encuentra en su paseo por este cuento para adultos en el que la provocación en todas sus formas es el objetivo final. Destaca el uso de los espacios, perfectamente aprovechado aún estando mayormente reducidos a esta construcción arquitectónica unitaria y sus pequeños escenarios anexos que vna cambiando según quién los camina o interviene y que nunca dejan de ofrecernos diferentes tiros de cámara no precisamente reveladores pero de un acabado impecable y siempre teñidos de un elegante gris traído por el diseño industrial y el cielo holandés cubierto.

Tras una trama imparable y unos personajes indefinibles y terroríficamente versátiles, cada espectador acaba por recibir una impresión de Borgman desigual, derivada de un inconsciente examen de autoconciencia en el que equilibramos nuestra propia balanza del bien y el mal hacia causas que a nadie atañen mientras bebemos sin sobresaltos del veneno y vino dulce que es Borgman.

Premio al mejor guión y Premio Jurado Carnet Jove a la mejor película oficial Fantàstic Competición Sitges 46

COHERENCE - James Ward Byrkit (2013)

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Si una película ha sido recomendada entre el público del festival, esa ha sido Coherence, de James Ward Byrkit. Su director, conocido por ser creador de storyboards, videojuegos y demás obras de ‘menor’ formato creadas sin embargo sobre la cima de Hollywood, se estrena como director haciendo gala de su avezado control de los tiempos y las secuencias de la narrativa. Coherence cuenta cómo una tranquila velada de amigos va a ser trastocada por los efectos de un cometa que sobrevuela la tierra. La presentación de su director ya advertía de la ironía del título de esta película, que debe ser afrontada como un puzzle de resolución incierta. Su visionado requiere una atención absoluta a cada movimiento y linea de sus personajes.

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Encontramos en su guión una gran naturalidad , confeccionada por la combinación de una base científica y un desarrollo de carácter improvisado por parte de los actores y el director, fórmula de éxito que ha terminado por cautivar al público. Los personajes son cuidadosamente introducidos en la historia a base de diálogos espontáneos y miradas cómplices; una primera media hora de calma a partir de la cual el tiempo y la percepción comenzarán a enredarse. Disfrutamos viendo cómo la brillantez de esta historia reside en la manera en la que los hechos se desenvuelven, imposibilitando la más mínima previsibilidad y manteniendo una experiencia de revelación simultanea entre el espectador y los personajes en la que la coherencia va perdiendo su sentido. Coherence es el ejemplo perfecto de una producción que con un bajo presupuesto y unos recursos mínimos en escena es capaz de crear una ciencia ficción de universos inabarcables.

 

Premio A la mejor dirección y mención especial Mejor Música:

BIG BAD WOLVES - Aharon Keshales y Navot Papushado (2013)

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Conocida en el festival como “La de Tarantino”, Big Bad Wolves ha sonado en exceso por haberse puesto en boca del maestro Quentin al decir este que la producción israeli se había convertido en su película favorita de 2013. Sus directores, Aharon Keshales y Navot Papushado ya revolucionaron la industria del cine de género en 2010 con Rabies, y vuelven a hacer lo mismo con Big Bad Wolves, un thriller que navega entre los subgéneros del cine negro más comercial con una inusual huella de humor israelí.

La premisa de sus directores era crear nada menos que un Harry el Sucio mezclado con un thriller de venganza koreano escrito por los Hermanos Grimm. Parece que sus dos creadores se sientan muy cómodos combinando todos estos tipos de cine traídos de tan lejanas esquinas del globo, aunque la falsa ilusión de misión cumplida que deja el producto se entiende cuando vemos que ciertamente los componentes no estaban tan maestramente fusionados como pensábamos. América se representa perfectamente en el estilo general del film. Una evolución en las habilidades de dirección con respecto a su anterior obra juntos deja ver un gran conocimiento de las técnicas empleadas por el thriller anglosajón para mantener encendida la llama de la incertidumbre. Planos cortos dramáticos y de sangriento detallismo, travellings con orquestación musical y giros bruscos de cámara reveladores son el acompañante de un personaje como Yoram, interpretado por Doval’e Glickman que nos trae hasta la idea de Harry el Sucio, un hombre violento pero impasible al que de alguna manera ensucian sus propios creadores manchándole con un humor desestabilizador. Tras la inclusión de los géneros americanos, Keshales y Papushado pretenden recuperar la genialidad de los thrillers de Korea, una ola que viene pegando fuerte desde hace unos años y que ha encumbrado al país como productor de los mejores y más oscuros films de este género. Sintiendo una gran admiración por autores como Park-Chan Wook, los directores intentan aportar un humor en la mayoría de las ocasiones fallido que no puede competir con el dinamismo koreano y su maestría para saltar del humor negro a la tensión más absoluta, con menos ventaja si tenemos en cuenta que a pesar de su evidente estética accesible al gran público los momentos de humor se queden en referencias regionalistas de difícil acceso para la risa de rápido contagio. La referencia al fairy tale es la más vaga de todas. Un vistoso prólogo y pequeñas referencias metafóricas a la figura del lobo feroz es todo el colorido Grimm que veremos en este cuento.

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Aunque el indudablemente merecido premio a la mejor música haya recaído en Haim Frank Ilfman, el de la dirección ha sido sin embargo discutido. Como señalábamos, la mejor mano de la dirección en comparación con Rabies es más que notable, y si bien encontramos escenas de gran carga suspensiva y de acción en el exterior, la historia contada en el interior de la vivienda no favorece del todo la americanización compositiva empleada por los directores. Trasfondos morales y una culpabilidad no establecida -que es sin duda el elemento clave de todo el film- se ven desfavorecidos por ese humor negro de alcance local y unas secuencias de tortura que tiran definitivamente por tierra el fallido equilibrio entre humor y sangre. El agobio del espectador, que nunca es del todo libre de la presencia en esta tortura israelí de venganza heredada entre generaciones, se abre paso con dificultad entre la moralidad de los límites de la violencia como acto de venganza o medio para la búsqueda de la verdad. Los directores ya están preparando su nueva obra; un spaghetti western israelí con el que no piensan dejar descansar la industria cinematográfica de su país, y probablemente la de ningún otro, pues al no funcionar al 100% para la gran masa, los condicionantes del humor religioso y el sonado bombo de Tarantino, podrían hacer de Big Bad Wolves -como algunos advierten- carne de remake hollywoodiense.

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Sobre El Autor

Criada dentro de la lata de sardinas más grande del mundo, nuestra enviada más allá del muro vive por y para el arte. Perseguidora de las últimas tendencias creativas, asegura tener un nombre para cada tono de gris.

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