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A diferencia de muchos jóvenes de su edad, a James Sveck no le atrae en absoluto la idea de comenzar la universidad. Aun habiendo obtenido plaza en una de las más prestigiosas de Estados Unidos, la Universidad de Brown, a él lo que realmente le hace ilusión es irse a vivir a una casa en el campo en algún estado como Indiana y pasarse el día leyendo libros. Tales planes son un claro ejemplo de la fuerte carencia de ambiciones para tratarse de un preuniversitario. Pequeños indicios que nos anuncian que el protagonista de esta historia no es en absoluto un muchacho convencional ni mucho menos.

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Avispado y perspicaz, este adolescente rehúye las relaciones sociales, hasta el punto de que pasa más tiempo con su abuela que con cualquier otra persona de su misma edad. Esa especie de aversión a entablar conversaciones con jóvenes es una de las principales razones por las cuales no quiere estudiar en Brown. De este modo, se aleja por completo del individuo prototípico que se desvive por integrarse en el colectivo universitario para cumplir con el sueño americano.

El autor de esta obra, Peter Cameron (Nueva Jersey, 1959), retrata a un joven que está empeñado en abandonar la ciudad cosmopolita que nunca duerme para marcharse a un lugar tranquilo donde pueda llevar una vida austera y en soledad. Lejos de tratarse de un muchacho con dificultades propias de la edad, James sencillamente cree estar convencido de que otros chicos no pueden aportarle nada interesante.

A pesar de tratarse de un chico tan retraído, la narración de sus vivencias está plagada de comentarios agudos que consiguen arrancarle más de una sonrisa al lector. James se plantea todo tipo de cuestiones en un escenario tan versátil como el de la Nueva York del siglo XXI. Cameron intercala todo tipo de temas con gran maestría, desde la sexualidad y el arte hasta incidentes tan peliagudos como el famoso 11-S. La sutilidad con la que el autor roza un tema tan controvertido de la historia norteamericana no es más que otro de los rasgos que hacen de esta obra una verdadera joya. De hecho, el incidente se menciona explícitamente una única vez en todo el libro: durante una de sus consultas con la doctora Adler, su psiquiatra.

Con el propósito de matar las horas muertas, James trabaja en la galería de arte que su madre tiene en Manhattan. Allí es donde pasa bastante tiempo con John Webster, el encargado de la galería. El joven, a diferencia de este último, no siente en absoluto fascinación por el arte, por lo que no son pocas las ocasiones en las que hace alegaciones del tipo:

El  gusto  por  el  arte  es  fácil.  Lo  importante  es  que  te  guste  la  vida.  A  cualquiera  puede gustarle la Capilla Sixtina.

Otra cuestión que supone diana de crítica de James es el propio lenguaje. Se ve frustrado por las limitaciones de éste, pues cree que no logra reproducir exactamente lo que él quiere decir en realidad:

La mayoría de gente cree que las cosas no son reales si no se expresan verbalmente, y que es el acto de expresarlas y no el de pensarlas lo que las legitima […] Yo pienso al contrario, que  los  pensamientos  son  más  reales  cuando  se  piensan,  que  expresarlos  los  distorsiona  o diluye.

El hilo de los pensamientos del joven es lo que realmente le aporta carácter a la novela, pues es a través del relato de sus temores e inquietudes cuando el lector pasa a plantearse cuestiones que seguramente ya hayan pasado por su mente en algún momento. Creo que eso es lo que me asusta: el carácter azaroso de todo. Que las personas que podrían  ser importantes para ti pasen por tu lado y desaparezcan. O que pases a su lado y las dejes atrás.

¿Cómo podrías saberlo?

Otro de los rasgos característicos es que no hay demasiados personajes que intervengan en la historia. La familia de James bien podría ser material de reality  show, ya que está “ligeramente” desestructurada y cada uno de sus componentes se limita a vivir su propia vida. Una madre de ánimo inestable y excesivamente sentimental que atraviesa su tercer divorcio, un padre con numerosos prejuicios y de carácter conservador que ocupa un alto cargo directivo y una hermana que sale con su profesor universitario casado.

A James Sveck se lo ha comparado en contadas ocasiones con el famoso protagonista de El guardián entre el centeno: Holden Caulfield. Quizás sea este el ingrediente esencial para que esta novela haya cosechado tanto éxito desde su publicación en 2007. Cameron no busca en ningún momento la empatía del lector con el personaje, a quien sus ideales se le pueden antojar como algo descabellados, sino que se limita a presentar a un joven al que le ha tocado vivir un escenario en el que no se siente a gusto y al que no le asusta no cumplir las expectativas impuestas por la sociedad.

Algún día este dolor te será útil es una novela de prosa sencilla y sin mayores sobresaltos narrativos que, sin embargo, consigue atrapar al lector hasta la última página. Le brinda la oportunidad de descubrir un personaje con una filosofía de vida algo peculiar. Un antihéroe que se cuestiona todo lo que le rodea y que acaba despertando en nosotros la misma curiosidad inquisitiva y un carácter crítico similar sin apenas darnos cuenta.

4
Rating Puntuación Final

(no es la media)

Sobre El Autor

Lectora empedernida durante los trayectos de metro, escritora a tiempo parcial y amante de los idiomas, así como de los viajes con poco equipaje.

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