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Tras el éxito de Vals con Bashir, el director israelí Ari Folman vuelve esta vez con una ciencia ficción pura en la que integra animación e imagen real a partes iguales. En ella, la actriz protagonista Robin Wright se interpreta a ella misma como una vieja gloria de la industria hollywoodiense que está a punto de firmar el último contrato de su vida, a través del cual su imagen digitalizada pasará a ser propiedad de unos estudios cinematográficos que podrán explotar su reproducción sin necesitad de su presencia.

El director, que durante los últimos cinco años ha estado trabajando en la adaptación de la novela de Stanislaw Lem ‘El congreso de futurología’ en la que se basa la historia, nos muestra en primer lugar una crítica al sistema de la industria del cine como la conocemos. Lo fantástico de este avance en la profesión y negocio de la interpretación, queda cada vez más cerca de la realidad en la llamada “Era post Avatar” que vivimos. Quizás por esto, el hecho de representar una segunda dimensión fantástica en la película con una animación en 2D sea una crítica a la industria de la animación digital de la que los últimos años el cine se ha estado sobrealimentando para dar paso a una ficción que va más allá de la simulación primera que la cinematográfía tiene como base, pero que independientemente de sus connotaciones se convierte en una opción estética sobresaliente para la narración.

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La animación de la película es definida dentro de la misma como “la obra de un genial diseñador en un acid trip”. La irrupción del dibujo de lineas psicodélicas que fluyen orgánicas por los escenarios animados de The Congress no disgrega las dimensiones paralelas que conviven en la historia, sino que ayuda a recoger la imagen humana y la realza desde su interior, desnudándola primero y proyectándola después en cuerpos transformados por las nuevas políticas de una delirante, icónica y tan solo aparente libertad del ser.

Las alucinaciones provocadas por la química super evolucionada de este futuro distópico nos pierden y nos vuelven a encontrar en una historia que nos lleva por una experiencia sensorial completa de la que pocos quisieran salir. La trama se diluye entre las alucinaciones, y lo real y lo imaginario pierden su sentido hasta que la belleza nacida de esta química ilusoria desaparece en un mundo en el que la identidad ha dejado de existir.

05The Congress es una apuesta necesaria para desintoxicar a quienes vivimos consumidos por la magia del CGI, sosteniendo una crítica que va más allá de un capitalismo que consume identidades hasta poseerlas, y que habla del contrato que cada uno de nosotros firma para comercializar y vender su imagen tras el gran escaparate que configuramos con nuestra identidad digital, en un sistema en el que el valor de la individualidad y la libre elección están en su momento más bajo.

Las interpretaciones y una labor artística que consigue superarse con cada trabajo del director, hacen de The Congress una arriesgada propuesta que funciona en términos visuales y que proporciona un elemento ideológico que mientras golpea en su propio tejado, formula enunciados que ya comienzan a madurar como presagios de nuestro futuro virtual.

3.5
Rating Puntuación Final

(no es la media)

Sobre El Autor

Criada dentro de la lata de sardinas más grande del mundo, nuestra enviada más allá del muro vive por y para el arte. Perseguidora de las últimas tendencias creativas, asegura tener un nombre para cada tono de gris.

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