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Phoenix es un relato sobre reconstrucción de la propia identidad ambientada en la Alemania de posguerra. La nueva película de Christian Petzold ha vuelto a causar nuevas reacciones de amor y odio tras su paso por Toronto. Hay quienes defienden en Phoenix su estilo sobrio y tradicionalmente alemán, y ese final que parece contentar a quienes han conseguido conectar con una historia aparentemente cruda que desde el otro lado de la pantalla carece de sentido alguno. Entre sus detractores, aquellos que al parecer padecemos de un grave agnosticismo que nos impide disfrutar del cine y sus licencias.

Nelly Lenz vuelve de Auswitch con la cara desfigurada. Los horrores de la guerra la han marcado por fuera y por dentro y es el momento de reencontrarse con la persona que un día fue y luchará por volver a ser. Un rostro nuevo la lleva a un proceso de reaceptación de su persona y la vida que dejó atrás. En Berlín, Nelly encuentra a su marido, y aquí comienza el drama real, tanto para la protagonista como para nosotros, amantes de la lógica estricta. Su marido es incapaz de reconocerla, ya no sólo en la confusión de la noche sino en las distancias cortas. Juntos llevan a cabo un proceso de reconstrucción por parte de ella y recreación por parte de él que escapa de todo lo argumentalmente lógico. ¿Cómo es posible que la evidencia pase de largo? Petzold argumenta una conducta que se apoya en una condición psicológica que impide a las personas que sufren de culpa ver la realidad y a formar una nueva memoria que favorezca el perdón de uno mismo. Demos esto por válido, y ahora juzguemos si el personaje de Nina Hoss no se lleva entonces demasiada atención en sus matices, dejando la reacción post-traumática de su marido en un segundo plano, a pesar de ser algo que sin duda haya marcado la psicología alemana de posguerra. Según declaraciones del director Christian Petzold, el guión -adaptación libre del libro Le Retour des cendres (1961) y escrito por él mismo- no estuvo completamente cerrado antes del rodaje, sino que llegó a concluirse en los ensayos con la participación del equipo, pero a Phoenix se le ven las costuras aún con el guión acabado. No nos es suficiente con una Nina Hoss maquillada por dentro cuando tiene a su lado Ronald Zehrfeid plano. La perspectiva de esta historia está en los ojos de la protagonista, y demasiado dentro de la mente del director.

phoenix

Con un marco ambiental recreado a medias perfectamente sustituible por otro escenario de víctimas del odio, un desarrollo que desespera y un director que aporta explicaciones lánguidas a una película que pretende reflejar las profundidades de la mente, sentimos la falta de sensibilidad hacia la fantasía privada. O quizás nunca tuvimos fe.

 

Sobre El Autor

Criada dentro de la lata de sardinas más grande del mundo, nuestra enviada más allá del muro vive por y para el arte. Perseguidora de las últimas tendencias creativas, asegura tener un nombre para cada tono de gris.

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