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Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne

Esta rotunda y escalofriante declaración da comienzo a una de las novelas más conocidas del escritor argentino Ernesto Sabato (Rojas, 24 de junio de 1911 - Santos Lugares, 30 de abril de 2011): El túnel. El lector no ha de dejarse engañar por la poca extensión de este libro, pues su brevedad no supone obstáculo alguno para que, en apenas 150 páginas, se desarrolle un magistral monólogo que nada tiene que envidiar a cualquier denso ejemplar.

tunel2Narrada en primera persona, esta novela psicológica permite adentrarnos en la mente del pintor Juan Pablo Castel, un asesino de moral impávida que relata sin tapujos cómo acabó con la vida de la joven María Iribarne.

Apenas hay indicios de remordimiento por parte del artista, quien cuenta desde la soledad del calabozo las razones de su condena con la misma serenidad que alguien tendría al hablar sobre sus vacaciones de verano. Se trata de un hombre hastiado del mundo, víctima de su propio cinismo y que no teme gritar a los cuatro vientos el pecado que ha cometido.

El hecho de conocer de antemano el asesino no le arrebata ni un ápice de intriga a la historia, ya que uno se cuestiona desde el principio qué razones fueron las que llevaron al artista a cometer semejante atrocidad. Porque, ante algo así, siempre hay un motivo de por medio. Y el de esta historia no es otro que el amor desenfrenado. Un amor tan intenso que acaba por cruzar la línea y pasa a convertirse en odio.

El lugar de encuentro entre la joven y el pintor no es otro que la inauguración de una de las exposiciones de este último. La muchacha se queda largo rato contemplando una de las obras de Castel, hecho que no pasa desapercibido por el pintor. A pesar de la atracción que ella despierta en él, este se ve incapacitado a acercarse, por lo que ella termina por marcharse para perderse entre la muchedumbre. Junto a la impotencia de no haberse atrevido a entablar conversación se le suma la certeza de que no volverá a verla jamás. Quién no ha vivido uno de estos fugaces y fortuitos encuentros, bajo la total seguridad de que nunca volveremos a encontrar a la otra persona.

No obstante, el azar propicia un reencuentro entre ellos dos. Ocasión que el pintor no deja escapar para acercarse a ella, lo que será el desencadenante de una relación inestable que bien podría denominarse como retrato de una obsesión. El amor entre Castel e Iribarne es un amor que nunca llega a materializarse en contacto físico y que, sin embargo, es tan real y vibrante como el nefasto final de la joven.

“Y era como los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí como en clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.”

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Pero el amor no es ni mucho menos el núcleo de la obra. De claro componente existencialista, su autor nos hace replantearnos la relevancia de nuestras vidas mediante preguntas retóricas de lo más contundentes:

¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?

La aparente falta de cordura de Castel se pone en entredicho con abrumadoras reflexiones que bien podrían haber salido de los labios de una mente lúcida. Adentrarse en su laberinto mental nos obliga a replantearnos dónde se sitúa la línea entre una persona sana y una que ha perdido totalmente el juicio.

Lejos de ser una mera narración de hechos inventados, el libro también alberga una sutil e implícita crítica sobre las imperfecciones de la sociedad. Pecados como la soberbia, los celos y el egoísmo impregnan las líneas de cada capítulo. Esto se debe en gran medida a que Ernesto Sabato escribió, además de tres novelas, numerosos ensayos a lo largo de su vida.

Alabado por escritores de la talla de Albert Camus o Thomas Mann, Ernesto Sabato ha sido uno de los grandes del siglo XX, hecho que deja bastante claro en una obra maestra como El túnel, libro que acaba con todos los esquemas que creíamos tener sobre la locura.

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Sobre El Autor

Lectora empedernida durante los trayectos de metro, escritora a tiempo parcial y amante de los idiomas, así como de los viajes con poco equipaje.

One comment

  1. Adoro a Sábato.. Tengo pendiente Abadón el Exterminador pero no me atrevo por el momento que vivo actualmente… sé que podría sumirme en una crisis horrible porque Sábato siempre me hace reflexionar hasta límites insospechados..Un buen artículo. Un beso, linda

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