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A lo largo de las décadas, el mundo del high school (para nosotros, el instituto) ha servido de inspiración para la creación de grandes obras del cine comercial y el mundo de la televisión, creando un género conocido como el Teen Drama, en el que las series o películas emplazan sus historias en el citado entorno académico, alcanzando incluso el universitario. Una muestra la tenemos en películas capitales como The Breakfast Club (El Club de los Cinco, considerada la cumbre del género), American Graffiti, Rebelde sin causa o Dazed and Confused, pasando por series como Beverly Hills 90210, My So-Called Life, Dawson Crece, Buffy Cazavampiros, Veronica Mars o Friday Night Lights, entre otras.

Como ha pasado en prácticamente la mayoría de géneros, cada cierto tiempo aparece una obra que deja una huella muy especial, que nos impresiona, nos impacta con su calidad en todos sus diferentes niveles, quedando como una obra de referencia para los años venideros. Todo esto ocurrió a finales de los noventa, concretamente en el comienzo de la temporada 99-00 de TV en los EEUU. Comenzaba la emisión de una serie que causaría gran admiración, con una excelente acogida de la crítica, pero que sufriría la maldición de unas cifras de audiencias discretas, condenándola a lo que toda serie jamás desea: su temprana cancelación.

Freaks and Geeks nació de la mente de Paul Feig, actor, escritor y director de la reciente —y notable— comedia Bridemaids. Antes de crear la serie, Paul había cimentado su carrera en la interpretación para televisión en distintas series. Pese a sus comienzos, su fama y grueso de su carrera en el mundo del cine lo establece detrás de las cámaras, siendo director de numerosos episodios de algunas de las series (sobre todo comedias) más importantes de lo que llevamos de siglo: The Office, Arrested Development, 30 Rock, Parks and Recreation, Weeds o Nurse Jackie o incluso en dramas como Mad Men. Un historial de muchísimos kilates, sin duda.

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Mientras Feig proponía una historia, unos personajes y un guión, la producción corría a cargo de Judd Apatow, más conocido en aquellos años por su labor de productor en varias sitcoms y programas de humor, como The Ben Stiller Show o The Larry Sanders Show. Pero es con Freaks and Geeks con la que empezaría a dar mayor forma a su carrera: la serie le anima a crear su propia productora (Apatow Productions), con la que irá produciendo varios proyectos a lo largo del nuevo siglo. Su faceta de escritor y director también se refleja en la creación de guión y dirección de algunos capítulos de la serie. Hechas las presentaciones, veamos qué nos ofrece Freaks and Geeks.

La serie se centra en la figura de Lindsay Weir (magníficamente interpretada por Linda Cardellini) y, en menor medida, su hermano menor, Sam (John Francis Daley). Ambos asisten diariamente al William McKinley, el instituto de la pequeña y ficticia ciudad de Chippewa, Michigan. Uno de los atractivos de la serie radica en que la acción está situada en el año 1980, lo cual le da un gran encanto y nos permite conocer un poco más la cultura popular de la época.

Como en prácticamente todo instituto que se precie, la aparición de grupos de alumnos en torno a una serie de características es irremediable. Precisamente el título de la serie nos muestra dos de esos grupos. Por un lado tenemos al grupo de los Freaks; el de los ‘bichos raros’, que ven al instituto como un sistema de tortura, cuyas notas académicas son pobres, coquetean el sexo y las drogas y, por encima de todo, quieren pasarlo siempre lo mejor posible. Son los alumnos más ‘adultos’, pero que subliman el pasotismo sin contemplaciones. Estos freaks son Daniel (interpretado por James Franco), Nick (Jason Segel), Kim (Busy Phillips) y Ken (Seth Rogen).  Curiosamente actores como Jason Segel y Seth Rogen seguirían colaborando con el propio Judd Apatow en varios proyectos bien recibidos como Knocked up o Forgetting Sarah Marshall, no sólo como actores, sino como productores y guionistas. Pero fue claramente Freaks and Geeks el proyecto que les dio a conocer a prácticamente todos nuestros freaks, con un James Franco cada vez más cotizado (y nominación al Oscar por su brillante interpretación en 127 horas) y Busy Phillips establecida como una buena actriz de comedia en la sorprendentemente agradable y divertida Cougar Town —un gran ejemplo de cómo transformar la premisa inicial de una serie en otra diferente mejorándola de forma notable—.

Por el otro lado tenemos a los llamados Geeks, ese grupo constituido por tres chicos (Sam Weir y sus amigos Neal y Bill) amantes de los videojuegos, los juegos de rol, el cine de aventura y ciencia-ficción, que físicamente son poco agraciados (enclenques, bajitos, alergias) y acomplejados, algo que les impide dar el paso al frente ante los continuos acosos por alumnos más ‘fuertes’ o ante el precioso enamoramiento de esa chica —o chico, según los gustos— por la que bebemos los vientos sin pestañear.

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Y en mitad de ambos bandos, Lindsay. Ser una estudiante ejemplar, de grandes notas y la mejor ‘mathlete’ (acrónimo fruto de la unión de math (matemáticas) y athlete (atleta), y que sirve para denominar a cualquier estudiante que compite en concursos de matemáticas, sobre todo a nivel académico representando un colegio/instituto/universidad) del William McKinley no le llena. Su vida se torna rutinaria, por lo que poco a poco irá acercándose a los freaks, a los que ve como los estudiantes más divertidos y alternativos, incluso los más adultos. Viste pantalones algo largos y una enorme y estropeada chaqueta verde militar. Al ver estos detalles, podemos sentir que Lindsay desea diferenciarse del resto de empollones, dejar de seguir ese rebaño de pulcritud académica que empieza poco a poco a rechazar.

Los primeros instantes de la serie consiguen meterte de lleno en la historia, que incluso es un resumen de la misma: veremos a Lindsay acechar a los freaks, para luego defender a su hermano del acoso de un compañero de clase. En menos de dos minutos se encuentra entre dos mundos dispares. Desea salir de uno (al principio está más cerca de una geek que de una freak) para entrar en el otro. Ante tal situación sólo le cabe decir una frase que resume buena parte de su vida:

Tío… odio el instituto.

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La secuencia de presentación de la serie es magnífica. Todos los freaks and geeks, uno por uno, van posando sentados en una taburete y un fondo gris de fotografía para el clásico anuario de final de curso. Es genial ver la actitud y reacción de cada uno ante la cámara fotográfica, porque nos muestra muy bien cómo son los personajes incluso antes de llegar a conocerlos del todo. Como detalle: hay que destacar que el personaje de Kim no aparece en dicha presentación. Eso puede verse de dos formas. Que Feig y Apatow decidieran hacer una presentación pareja (ella, tres freaks y tres geeks) o que el personaje de Kim es menor y secundario en comparación al resto de freaks. Yo me inclinaría por la primera, ya que Kim es un personaje importante en la serie y que va creciendo y tomando forma a lo largo de los capítulos. Otro detalle es la música, la canción, que acompaña de fondo. Todo un clásico como el Bad Reputation de Joan Jett sonando a trapo. El genial tema de punk-rock (lanzando en 1980, justo el año en el que está situada la serie) funciona a las mil maravillas. Todos los freaks tiene una ‘mala reputación’ y algunos geeks se empeñan en tenerla (incluso cuando lo no desean).

La entrada de Lindsay en el mundo de los freaks es uno de los principales puntos de referencia. Lo hace a través de Daniel (James Franco, recordemos), el clásico guaperas y fracasado escolar, que viste chaqueta de cuero y vaqueros y del que Lindsay está muy colgada. Gracias a él conoce mejor al resto del grupo. La intervención de Kim, que es la novia de Daniel, rechazando a Lindsay y acusándola de una poser (querer ser algo que uno no es) para parecer guay, también es una referencia de la serie: querer con todas nuestras fuerzas ser algo que no somos, ya sea una meta soñada o una forma de cabrear y llamar la atención de nuestros padres y amigos.

No sólo los freaks tienen metas soñadas, aunque su actitud ante los acontecimientos las terminen por tumbar. Los geeks también sueñan y anhelan cosas que no pueden tener —o más bien cosas que creen no poder tener—, como Sam y su enamoramiento de la alta y guapa Cindy Sanders, con la que se lleva bien y habla siempre que se encuentran por los pasillos o la cafetería, o como Neal sueña con dedicarse al mundo del espectáculo como humorista.

Las figuras paternales también juegan un papel importante en las vidas de los freaks and geeks. Los señores Weir conforman una pareja muy bien llevada, con una madre cariñosa y positiva ante las situaciones que afectan a sus hijos, y un señor Weir algo más dramático, serio, pero que en el fondo sólo desea que Lindsay y Sam hagan las cosas de forma correcta, sin meterse en líos. Está claro que no ven con buenos ojos que ella pueda meterse de lleno en el mundo de Daniel, Nick y compañía. En el instituto veremos al señor Rosso, un hippie convertido en consejero escolar, como una figura paternal en el centro, en el que quiere desvivirse por sus alumnos, sobre todo por Lindsay, a la que anima a que no desperdicie sus oportunidades de conseguir grandes cosas.

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Las referencias a la cultura popular aparecerán en momentos espectaculares, en especial gracias al personaje de Nick, que hace constantes referencias a grupos musicales que a su vez, la mayoría, aparecen en la propia serie formando una banda sonora espectacular. Para muestra: Van Halen, The Who, Cream, Billy Joel, Queen, Rush, Pink Floyd y Led Zeppelin —el momento de la muerte de Bonham es emotivo a más no poder— o cómo anuncia lo muerta que está la música disco en comparación al rock. En esto Nick tendrá mucho que decirnos. También aparecen Janis Joplin, Jimi Hendrix —el señor Weir lo usa de forma sublime cuando reprime a Lindsay por haberse fugado de clase: “¿Sabes quién se fugaba también? Jimi Hendrix. ¿Sabes cómo acabó? Muerto en su propio vómito”. Menuda genialidad.)— o los Greatful Dead, que se llevan la palma con una excelente referencia a esa obra maestra de álbum que es American Beauty y, sobre todo, con una escena importantísima de la serie. También encontramos referencias de películas como Star Wars, Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores, The Jerk, consolas como la Espectrum o juegos como Dungeons and Dragons.

Freaks and Geeks se erige como un cúmulo de pasiones y sentimientos que chocan a cada momento. El amor que pudo ser y no fue, el refugio en terceras personas que no nos corresponden, los sueños rotos antes de llegar a la meta, los sueños de terceras personas deseándolos vivir a través de otros. Pero también lo es de un grupo de personajes que encuentran la pasión por algo a través de la decepción personal. Si fallas, levántate y a lo mejor encuentras de nuevo tu camino.

Brillantes guiones y diálogos —todos los personajes nos regalan perlas a cada momento—, grandes interpretaciones —Linda Cardellini es excelente, Jason Segel está brillante en la piel de un Nick apasionado que persigue sus sueños con locura o un James Franco excepcional—, una gran dirección —el episodio final es un ejemplo. Es precioso— y una estética muy conseguida —la fotografía de la serie, con colores pálidos, le da un toque añejo bellísimo. Todo eso se redondea con una dirección artística sobria pero auténtica y un muy buen vestuario—.

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Sin duda alguna, Freaks and Geeks se eleva como una de las mejores series de las últimas décadas con una sola temporada. Posiblemente estemos ante la obra nº1 de su estilo, con una gran escena final que, sin quererlo, no pone un broche de oro, sino de platino y diamantes a una serie redonda, preciosa, emocionante. Un auténtico clásico para que otras series que quieran hacer algo parecido o algo diferente, pero con calidad, la tengan en mente y presente a la hora de llevarlo a cabo.

El personaje de Nick nos deja frases memorables que aúnan el espíritu que Paul Feig nos quiso mostrar:

Los profesores quieren que trabajemos, ¿sabes? Y yo digo ‘Ok. Trabajaré’. Pero tienes que dejarme hacer la clase de trabajo que quiero hacer, y para mí, Lindsay es mi batería. Es mi pasión. Es la esencia de lo que soy ahora. Pero antes de tener eso, yo también estaba perdido. ¿Sabes lo quiero decir? Necesitas encontrar tu razón para vivir. Tienes que encontrar tu… ENORME batería.

Encuentra tu enorme batería y tócala. Tócala hasta reventar los parches como haría Keith Moon, John Bonham o el propio Nick. Da igual que seas un freak o un geek. Intenta que nadie te aparte de tus sueños; intenta no caer en ese error. Como decía Nick: hay que intentar encontrar la pasión y la razón para vivir. No sabremos del todo si Lindsay la acabó encontrando… pero empezó a intentarlo.

Chicos, ha sonado el timbre. La clase ha terminado.

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  • Fotografía/Vestuario

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  • Banda Sonora

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  • Interpretaciones

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  • Guión/Diálogos

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  • Personajes

    Rating
5
Rating Puntuación Final

(no es la media)

Sobre El Autor

Mientras intento cumplir mi sueño de convertirme en profesor, paso mi tiempo libre en otras pasiones como el cine y televisión, música o la escritura. Hace unos años comienzo un proyecto musical llamado 'Zamenhoff', el cual dejo un tiempo aparcado para volver a remotarlo recientemente. Otra meta a conseguir es la de grabar varios temas y poder lanzarlos. La pasión por esos 'campos' (cine, tv, música) me viene de muy pequeño gracias a la influencia de mis hermanos mayores. La escritura es otro tema que actualmente me apasiona, y espero aprender más la confección de guión para poder plasmar algunas ideas para un proyecto de mediometraje.

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