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Esta historia de amor-odio entre los cuatro personajes alrededor de los cuales gira la novela comienza en lo más alto de Toppers´ House, edificio de la ficticia Londres creada por Nick Hornby, conocido por ser el lugar favorito de los suicidas; sobre todo por aquellos que deciden poner fin a sus vidas la madrugada del primer día del año. Nochevieja es para muchos una fecha de jolgorio, felicidad y excesos alcohólicos y gastronómicos. Para un menor porcentaje, en cambio, resulta ser únicamente un exceso de amargura y desconsuelo. En ocasiones la vida pesa demasiado.

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La horquilla de razones que impulsan a los suicidas a dar el paso final es de lo más amplia; éstas pueden ir desde una ruptura sentimental, hasta el linchamiento social por haber mantenido relaciones sexuales con una quinceañera.

El móvil de Jess es el primero de los mencionados; tras un intento de relación con Chas, intento que  duró una noche, esta adolescente, hija de un relevante político británico, decide terminar con su joven vida. No lo consigue gracias a Martin, que le chafa el cráneo al ponerse encima de ella – irónica situación donde las haya, dado que el segundo de los motivos corresponde a este famoso presentador de televisión, casado y con dos hijas pequeñas, que una noche, por error, se acuesta con una chica a la que le dobla la edad -. Maureen, fervorosa creyente y madre soltera que también está presente en ese extraño momento puesto que no resiste sacrificarse más por su hijo Matty, en estado casi vegetativo, aprueba el acto de Martin, porque una persona que no llega ni a los dieciocho años no puede poner fin a su vida tan pronto, piensan ambos. En ese preciso instante, cuando la cabeza de Jess se encuentra supeditada al poderío de Martin, aparece JJ, el americano del grupo, ex miembro de una banda de rock en su tierra natal y actual repartidor de pizzas.

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Ninguno contaba con semejante overbooking, y dado que saltar desde un edificio con el arriesgado objetivo que estos cuatro personajes tienen no debería ser un acto público, se ven envueltos en un diálogo que termina con la determinación de darles a sus vidas una segunda oportunidad, al menos hasta el día de San Valentín. Y es que, según un reputado psicólogo, quien piense en suicidarse debería esperar noventa días, dejar esa idea en stand by, y sólo tras el transcurso de aquellos, decidir si quieren seguir adelante o no. Así, mediante este peculiar pacto, se constituye un insólito y variopinto grupo de autoayuda que no dejará de sorprendernos a lo largo de la narración.

El viaje de un peculiar cuarteto 

Con semejante introducción, tanto de la historia como de los personajes, el lector ya da por hecho que ésta no es una novela al uso. Contada desde la perspectiva de estos cuatro individuos, Nick Hornby no escatima en mordacidad, sorna y humor negro. Muy al contrario, el libro se caracteriza por las grandes dosis que Hornby emplea de ello. Y así nos da a conocer a Martin, Jess, Maureen y JJ en las múltiples facetas por las que pasan durante esos noventa días de prueba. Quizá porque el autor nos lo presenta como personas de a pie de calle, quizá porque la narrativa, relatada en primera persona, nos sumerge de lleno en sus vidas y nos hace partícipe de ellas hasta el punto de sentir afecto e incluso empatía hacia los cuatro, se hace misión imposible no encariñarse con ellos. Citando a Santiago Segurola en El País: “Es uno de los grandes secretos de Hornby y quizá su gran característica como escritor: su facilidad natural para lograr que el lector se identifique con su universo.”

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Hornby arranca la novela con cuatro suicidios frustrados, pero durante el recorrido de aquella veremos que no es el suicidio el tema central, si no, muy al contrario, la búsqueda de motivaciones para vivir. Observaremos que este camino toma formas desiguales para cada persona; Maureen se conformaría con unas vacaciones y un trabajillo en un kiosko de prensa; JJ necesita tener la música presente para ser feliz; en cuanto a Jess y Martin… su búsqueda de la felicidad es más complicada, pero ambos trabajan duro en ello. Cada cual a su modo pero con idéntica meta, los mundos de estos cuatro personajes, antes en universos distintos, coinciden en el mismo espacio-tiempo de forma ¿casual? Se amoldan unos a otros casi sin darse cuenta. ¿Es posible que la pieza triangular de un puzzle encaje a la perfección con una pieza cuadrada? Quizá no sea fácil al principio, pero resulta ser factible.

Vivir o no vivir, esa es la cuestión 

Los narradores no pueden ser más distintos los unos de los otros. De hecho, lo único que tienen en común es su afán por poner fin a sus vidas; propósito que luego se transforma en un deseo por vivir y sentirse vivos, lo cual también comparten. Resulta curioso que personas con maneras de ser tan diferentes se unan por una única causa. Pero, ay, qué causa. Siempre se ha dicho que los humanos somos seres sociales y que necesitamos unirnos para poder subsistir. Un hombre ermitaño, sin parientes ni amistades que puedan ayudarle en un momento dado, probablemente tenga más posibilidades de morir antes que un hombre que no lo es. Porque, si Martin no hubiese conocido al trío que le acompañará desde la noche de Toppers´ House, ¿habría saltado? Sí. Al igual que sus tres compañeros de viaje. De ello se dan cuenta nuestros cuatro ex suicidas, aunque al inicio les cueste reconocerlo.

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Toda una lección de vida relatada a través de un grupo de lo más peculiar y entrañable. ¿Puede ser  entrañable un hombre que, estando casado y con dos niñas, mantiene relaciones con una chica que bien podría ser su hija? Por supuesto que sí, no prejuzguemos. En ocasiones Jess nos exasperará hasta el punto de despertar en nosotros instintos homicidas; en algún momento del libro nos darán ganas de cachetear a Maureen para que espabile; nos tiraremos de los pelos por decirle a JJ que ya va siendo hora de que abra los ojos; y la fatuidad de Martin nos repugnará. Pero, ¿acaso alguien es perfecto?

La crudeza de Hornby nos recuerda que no – crudeza que, lejos de ser aparatosa o dramática, el escritor convierte en comedia de manera ingeniosa –. Todos tenemos nuestras debilidades, nuestros temores y defectos. Hay que saber perdonar, reconocer los errores que hemos cometido y, sobre todo, no escondernos tras un caparazón de miedos y angustia. Porque esa coraza es la que lleva a nuestros queridos Martin, JJ, Maureen y Jess a lo alto de Toppers´ House. Es lo que les impide crecer como personas y salir del foso en el que están y que ellos mismos se han cavado. Y es que, por muy en picado que estemos cayendo, siempre podemos volver a batir las alas y remontar.

Atención, cinéfilos: Os interesará saber que este otoño podremos ver en la gran pantalla la adaptación cinematográfica de la novela, protagonizada por grandes intérpretes de la talla de Pierce Brosnan, Aaron Paul (el conocido Jesse de Breaking Bad), Toni Collette (incluida en el reparto de Little Miss Sunshine, entre muchos otros filmes) e Imogen Poots (la conoceréis por películas como V de Vendetta o la versión de Jane Eyre  de Cary Fukunaga en que interpreta a Blanche Ingram –  año 2011 – ). Éstos conforman el cuarteto protagonista, apoyados por la eterna Jane Bennet de Orgullo y Prejuicio, Rosamund Pike, y el veterano Sam Neill, actor de conocidas series como Los Tudor Alcatraz, y de una infinidad de películas como varias de las entregas de Jurassic Park.

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Como dato curioso, se ha sabido que Johnny Depp adquirió los derechos del libro incluso antes de que se publicase, en el 2005, y ya entonces contrató al escritor D.V. DeVincentis, el cual elaboró el guión para la película Alta Fidelidad (adaptación cinematográfica de quienes mucho consideran la obra maestra de Hornby), para que escribiese también el guión de En Picado.

4
Rating Puntuación Final

(no es la media)

Sobre El Autor

De pequeña los libros eran para ella como las cookies para el Monstruo de las Galletas: nunca tenía suficientes. Optimista y errante, sus años se dividen en otoño, invierno, primavera y FIB.

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