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A Glimpse Inside The Mind Of Charles Swan III empieza con la disección de una mente particular, tanto como la casi hora y media de metraje que estamos a punto de presenciar: la de Charles Swan “the third”.

La primera pregunta que nos hacemos en nuestro subconsciente nada más ver a un tipo que se oculta bajo un sombrero y unas lentes oscuras, y que Roman Coppola falla en responder adecuadamente, es quién es Charles Swan, (y no nos referimos al personaje de las novelas de Marcel Proust). Mucho se habló desde el primer momento en que se anunció el rodaje de esta película — post-despido por parte de Warner Bros. del protagonista de Dos hombres y medio —, de que Charlie Sheen en realidad se iba a interpretar a sí mismo. Y es que, aunque no haya sido su persona la inspiradora de este carismático personaje, muchas similitudes guardaba su desenfrenada vida con la del actor estadounidense, e incluso sus nombres son prácticamente homófonos. Fiestas, alcohol y mujeres aparte, Roman Coppola nos invita a viajar por el Hollywood de los 70 en un Cadillac conducido por un personaje  caricaturesco, basado en su “colega” Charles White III. ¿Y quién demonios es Charles White III? Pues, para los legos en el diseño gráfico, este artista de Philadelphia fue uno de los pioneros del Pop Art en Los Ángeles durante las décadas de los 60 y 70. Sus diseños ocupaban las portadas de numerosas publicaciones, y los álbumes de conocidos músicos, llegando a trabajar para marcas como Levi’s, Harley Davidson o para los mismísimos Rolling Stones.

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Esta mezcla explosiva entre personalidades extravagantes como son la de Charles White III y el actor que encarna a su álter ego, nos conducen a encontrarnos con un “héroe” atípico en nuestra historia. Vive en una casa rodeada de plantas y palmeras sobre Mulholland Drive, llena de provocativos dibujos semi pornográficos, con su pareja y su tucán llamado Coco. Aparentemente, todo funciona correctamente en la vida de Charles Swan hasta que su novia Ivana (Katherine Winnick) decide dejarle, harta de sus flirteos con otras mujeres y de un descubrimiento que desencadena el desarrollo de los acontecimientos: un cajón donde guarda fotos “íntimas” de sus ex parejas. En plural, porque no se las podría contar con los dedos de ambas manos. Y es que, como ya se nos ha explicado en el prólogo, Charlie Swan sólo piensa en sexo. Estos pensamientos ocupan el 70% de su cerebro. El porcentaje restante: su deseo de poder y dinero. Y, como todo buen artista de Los Ángeles que se precie — si no que se lo digan a otro Charles, Bukowski —, tras ser objeto del vilipendio de Ivana ante La Gran Ola de Kanagawa que parece engullirle desde la penumbra de la pared de su salón, se bebe sus penas en alcohol.

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Voy a olvidar a las chicas, leer literatura, hacer ejercicio y usar hilo dental.

Mucho ruido y pocas nueces

A partir de aquí, preparaos para subir a la máquina del tiempo con destino a unos 70 que podrían haber sido diseñados por Warhol, compuestos por Elton John y escritos por Peter Sellers: zapatos de señora, notas de piano, tramas delirantes, cócteles, coches de lujo — el de Charlie no tiene desperdicio, un Cadillac del 41 decorado con huevos y tiras de bacon — y mujeres, muchas mujeres. La elección del casting femenino es uno de los pocos aciertos de Coppola. Winnick es la típica belleza Made in USA, y siempre es agradable ver a Patricia Arquette, aunque sea brevemente como la hermana bohemia y madre de familia de Charlie, Izzy. Lo reprochable, al igual que ocurre en el caso de Aubrey Plaza — que interpreta a la secretaria de Swan, Marnie —, y de la atractiva Mary Elizabeth Winstead — como archienemiga de Charlie en su intento por recuperar a Ivana, y a la que ya vimos junto a Schwartzman en Scott Pilgrim vs the World (2010) —, es que su presencia en el filme se reduce a unos minutos en los que no tienen tiempo a aportar demasiado. Lo mismo acontece con las apariciones de los secundarios masculinos.

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Quizá el único de ellos que consigue unos minutos en pantalla de mayor calado es Jason Schwartzman. Interpreta al único y mejor amigo de Charlie, Kirby Star, un cantautor judío que parece una mezcla entre un aspirante a Bob Dylan y ese Tony Roberts que acompañaba como soporte moral a Woody Allen en todos sus films de los 70. Schwartzman, con el que Roman Coppola ya ha trabajado en varias de las películas que él ha escrito junto a Wes Anderson y primo suyo, siempre  aporta un liberador tono cómico a sus apariciones, incluido su momento estelar como Carmen Miranda. El que sí está totalmente desaprovechado es Bill Murray como Saul, agente de Charlie. Aunque en su corta aparición aporta una de las pocas escenas sustanciales de la película cuando, devastado, le describe sus sentimientos a su amigo. Otros dos a los que no nos hubiera importado ver un poco más son Dermot MulroneyStephen Dorff, con sendos cameos. A los que se une la modelo Angela Lindvall, top de los 90, y que aquí sólo aparece unos segundos en pantalla, aunque protagonizó el debut cinematográfico de Roman, CQ (2001), un film superior a su segundo trabajo.

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Con todos esos ingredientes, A Glimpse Inside The Mind Of Charles Swan III, podría ser una comedia original y visualmente arrolladora, cosa esta última que sigue siendo, gracias al trabajo de su director artístico, Elliott Hostetter —  To the Wonder, The Tree of Life, Grindhouse — y la buena dirección formal de Roman Coppola. Pero donde el director brilla como guionista junto a Wes Anderson, y como director en sus trabajos comerciales y vídeo-musicales, falla en solitario en el desarrollo de una historia que se vuelve insípida, a pesar de entretener gracias a la magia visual que su fondo de colores brillantes y hermosos escenarios crea. Acabamos igual que comenzamos, sintiendo que no es sólo a Charlie al que han abandonado, sino también al espectador, que cae en un estado de vacío existencial junto al protagonista. ¿A dónde han llevado a Charlie todas sus acciones durante la película? La misma desazón que si Ulises nunca hubiera regresado a Itaca nos queda con la llegada de los créditos finales. Un sentimiento contrariado con la jovialidad que despierta el final del filme. ¿Un triunfo de la amistad y la familia sobre el amor? Eso queda a la interpretación de cada uno.

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Lo que está claro, es que Charles Swan “the third” es un personaje del que,  a pesar de haber tenido una supuesta revelación sobre su mente, poco conocemos.

  • Fotografía

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  • Banda Sonora

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  • Interpretaciones

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  • Diálogos

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2
Rating Puntuación Final

(no es la media)

Sobre El Autor

Encargada de adentrarnos en la psique de los cineastas malditos y fundadores de la Nouvelle Vague, también nos acerca a la música de influencia británica y francesa. Soñadora, rebelde y decadentista, es un hervidero de citas y referencias.

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