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Magic, Magic es una de esas películas en las que cuando aparecen los créditos te quedas con el corazón en un puño. Como si lo que acabásemos de ver sólo hubiera sido una pesadilla producida por una excursión rural truncada, con unos amigos, por un reventón, una tormenta, una pelea entre piloto y copiloto, o algún otro suceso de fuerza mayor, que acaba saliendo mal y te deja un recuerdo amargo en la retina. Y noches más tarde, de ésas en las que uno se desvela por haber estado dándole vueltas a vivencias pasadas, subconscientemente, te vienen recuerdos entremezclados de los paisajes que contemplasteis y de las caras de tus amigos, de forma borrosa, sin recordar qué fue lo que salió mal.

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Sitges no es el único festival por el que ha pasado este año la película de Sebastián Silva. Fue presentada también en las pasadas ediciones de Sundance — donde el chileno se alzó con el premio a Mejor Director por su Crystal Fairy (2013) — y Cannes En ambas citas destacó su protagonista: Juno Temple (Las vidas posibles de Mr. Nobody, Atonement, Killer Joe). La potente actuación de la joven actriz inglesa es una de las cosas más relevantes de esta película fantástica. Sus cambios de humor, sus miradas de soslayo, incluso el temblor de su voz y sus labios, cuando todo comienza a derrumbarse a su alrededor, la dotan de un realismo y una verosimilitud magníficos. Toda la cinta gira en torno a su personaje: Alicia. Su delicado estado emocional, así como la atmósfera de la isla medio desierta del sur de Chile en la que van a pasar unos días los personajes, el misticismo, los animales, la niebla, la luna, y todo el paisaje inhóspito que les rodea, recuerda a los creados primero por Tarkovsky, y luego por von Trier. De este último, en especial, parece haber heredado Silva el comportamiento errático y huraño de la joven. Con él nos trae a la mente al del personaje de Charlotte Gainsbourg en Antichrist (2009) o el de Kirsten Dunst en Melancholia (2011). Un personaje que vemos que se va consumiendo poco a poco.

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Alicia en el país de las pesadillas

Lo curioso — y destacable — del personaje de Alicia, es que comenzamos simpatizando con ella. Sentimos su sensación de inadaptación al llegar a un país extranjero, en el que ni siquiera hablan su idioma, y de abandono cuando Sara (Emily Browning) se vuelve a Santiago de Chile un par de días, para dejarla con tres personajes que, hablando sin pelos en la lengua, podríamos calificar de una serie de idiotas, y con son unos completos desconocidos para Alicia. Bárbara (Catalina Sandino Moreno) es insoportable, desde los primeros minutos; Agustín es el único que se muestra más afable con ella, sin llegar a caer en ser tan repelente como Brink, que pasa de ser el Michael Cera gracioso e inocente al que estamos acostumbrados, a un tipo que cruza la línea de chistoso, con una mirada un tanto turbia.

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Pero conforme avanza la película, las tornas se cambian. Ya no sabemos si estos personajes son tan intratables, o simplemente es Alicia la que los ve sí. ¿Tiene Alicia un problema mental que su prima Sara desconoce?, ¿está influyendo sobre su mentalidad, algo inestable, la influencia de algo que hay en la isla? Su paranoia comienza a surgir con fuerza desde que pone los pies en el embarcadero y se desata el incesante graznar de los pájaros. Desde la aparición de los primeros episodios psicóticos nos cuestionamos todo lo que vemos. No sabemos si ha ocurrido realmente, o sólo en la mente de Alicia, lo que marca una delgada línea entre realidad y fantasía, que se diluye conforme avanza el metraje, hasta que Silva nos devuelve con un brutal golpe a la realidad con su final escalofriante. Escalofriante porque esta vez sabemos que sí está ocurriendo, y que el desenlace de los acontecimientos es irreversible.

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La cinta funciona porque consigue mantenernos en vigilia, y con una sensación de desconcierto general durante todo el visionado. De incomodidad, como si compartiésemos con Alicia esa sensación de que las cosas no funcionan bien, de que hay algo en el ambiente enrarecido que también nos está atrapando a nosotros, y que nos hace estremecernos cada vez que caminan por la isla, sin saber muy bien qué se encontrará Alicia la próxima vez, o qué verá cuando se vuelva a mirar al espejo. Desde el principio sentimos un aire lúgubre, que nos predice que el final no ha de ser demasiado agradable, aunque no sabemos para quién o quiénes.  Con todo ello, Silva convierte lo que podría ser la típica cinta de terror de jóvenes en algo diferente, con un toque de magia — como su propio nombre indica — que nos mantiene en vilo durante todo el transcurso de la película. Los únicos fallos que pueden recriminársele es no acabar de desarrollar ciertos puntos de la trama, y de los personajes, que hubieran contribuido a convertir a esta película de “terror” psicológico, en una cinta más potente. Pero no podemos negarle sus virtudes, y que haya conseguido poner nuestro cuerpo, durante su visionado, a tan pocos grados como los que debía sentir Juno Temple al tirarse desde las rocas al agua helada. Sin duda, Sebastián Silva es un cineasta a tener en cuenta.

  • Fotografía

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  • Originalidad

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  • Banda Sonora

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  • Interpretaciones

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  • Diálogos

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3
Rating Puntuación Final

(no es la media)

Sobre El Autor

Encargada de adentrarnos en la psique de los cineastas malditos y fundadores de la Nouvelle Vague, también nos acerca a la música de influencia británica y francesa. Soñadora, rebelde y decadentista, es un hervidero de citas y referencias.

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