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Spike Jonze ha creado con Her una conexión más fuerte que la que su protagonista, Theodore, alberga conseguir. Her es una conexión con el silencio, con la belleza melancólica de la soledad, de las notas de piano de Arcade Fire, con la memoria, los recuerdos de relaciones pasadas, corazones rotos, fracasos, y papeles de divorcio.

Es la primera película que el visionario director estadounidense también escribe en solitario — sin la ayuda de su inconfundible guionista Charlie Kaufman — y cuyo punto de partida comenzó a germinarse hace más de diez años:

“La más pequeña semilla nació hace diez años cuando vi un artículo online que decía que podías interactuar con una inteligencia artificial. Así que entré en la web, puse la dirección, y si decía “Hola, ¿qué tal estás? recibía respuestas como “Genial, ¿cómo estás tú?”, y podías hablar y jugar con ello – no escuchabas a un “him” (él) o “her” (ella), era todo con el teclado -, tener una pequeña charla. Entonces sentí la emoción de que esta cosa me seguía la corriente. Hasta que después de unos minutos comencé a notar los fallos. Pero al final pensé que era un programa inteligente, y me sentí entusiasmado con la experiencia. La película tiene muchas ideas conceptuales que nacieron de eso, pero sobre todo, lo que siempre quería hacer era una película sobre una relación – eso era lo que más me interesaba.” — Spike Jonze para The Guardian

 

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—  2536 de Todd Hido

Jonze, como ya ha dicho en otras entrevistas, sólo ha utilizado la tecnología como el punto de partida, el “setting”, para dar forma a esta historia. Cuando se embarcó en la creación de Her, buscaba la conexión, como Theodore, con una desconocida. Alguien con la posibilidad de tener los rasgos de una infinitud de mujeres. Incluso alguno que recordase a otras de su pasado. La mujer de la intrigante y bella lámina de Todd Hido que cuelga en la pared de su loft de Nueva York era la que daba vida a sus palabras. Un personaje femenino, misterioso, desconocido. La lámina, llamada 2536, nos muestra a una mujer en medio de un bosque, cuyos árboles desnudos nos remiten al otoño o el invierno. No podemos ver su cara, sólo su pelo rubio oscuro. ¿Quién es ella? Ella es Her para Jonze.  Como explicó a Mark Harris de Vulture, años atrás vio la lámina en una galería y en seguida llamó su atención:

El bello misterio detrás de la imagen. Como si fuera un recuerdo,” dice, acercando su mano a la fotografría. “La atmósfera de un día sin saber los detalles. El recuerdo de esta chica, en ese bello y extraño bosque.”

Cuando empezó a escribir el guión de Her, pegó un pedazo de post-it amarillo al cristal que cubre la fotografía en su pared. Lo que había escrito en él iba cambiando conforme pasaba el tiempo, reemplazando un post-it por otro. Hasta dar con el que parecía el correcto y en el que con rotulador permanente negro había escrito en tres letras minúsculas: her.

¡Ah, todavía está ahí! dice Jonze, gratamente sorprendido.

En un futuro próximo, en la ciudad de Los Ángeles, vive su personaje protagonista, Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), un tipo solitario de mediana edad que aspira en convertirse en escritor, pero que ha acabado trabajando para una compañía en la que redacta cartas privadas para los clientes, llamada BeautifulHandWrittenLetters.com. Theodore encuentra a esa mujer desconocida en el lugar más inesperado. Alguien nuevo en su vida que le ayuda a salir de la miseria emocional en la que su inminente divorcio le ha sumido. La sensación de soledad desde las alturas, observando la ciudad desde el ventanal de su apartamento sin acabar de amueblar, la amarga e inevitable necesidad de repasar en su cabeza los momentos felices del pasado, de darle vueltas incesantemente a todo lo ocurrido, le empujarán a comenzar una extraña relación. Con su nuevo sistema operativo.

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La idea de entablar una relación con una inteligencia artificial no es algo ajeno a la carrera de Jonze. En el maravilloso corto I’m Here, que rodó en 2010, utilizando actores de carne y hueso  Andrew Garfield y Sienna Guillory disfrazados de robots, a los que más tarde se añadiría por ordenador sus expresiones faciales, nos retrataba una historia de amor, en un tono adolescente, entre dos jóvenes robots. I’m Here era una oda al amor más radical, intenso, a los sacrificios por el otro, a darlo todo, con ese toque naïve y entreñable con los que Jonze consigue sacarnos una sonrisa, o una lágrima, en las escenas que nos presenta:

En Her, la relación entre un ser humano y un sistema operativo consciente, capaz de nombrarse a sí mismo Samantha  con la voz de una Scarlett Johansson que hace que su personaje parezca más vivo que cualquier otro  y de desarrollar sus propias ideas, es más cercana a otras de la ficción tecnológica literaria, también llevadas al cine, como las de Philip K. Dick o Arthur C. Clarke, de cuyas historias saldrían Blade Runner (1982) y 2001: A Space Odyssey (1968), dirigidas por Ridley Scott y Kubrick, respectivamente. Pero Jonze, como ya hemos apuntado, no indaga en las posibilidades y complicaciones del desarrollo de una inteligencia artificial desde un punto de vista científico, sino que sólo utiliza a dicho ente para mostrarnos las dificultades de las relaciones.

Theodore quiere encontrar en Samantha a una sustituta de Catherine (Rooney Mara) su pronto ex mujer , para que le ayude a cerrar esa herida y a seguir adelante. ¿Es lo más adecuado elegir a un sistema operativo para salir de ese bache? Si nos dejamos embriagar por las piezas de piano de Arcade Fire y la voz de Scarlett Johansson  gran trabajo de los tres, música, dirección e intrepretación funcionan a la perfección para vendernos ese extraño romance  diríamos que sí, en un acto de euforia irracional como los que parece sentir Theodore mientras habla con Samantha, “sale” con ella por la ciudad, e incluso se van de fin de semana a la montaña, al frío Lake Tahoe. Pero si nos detenemos a pensarlo, ésta es una de las representaciones más tristes del punto al que puede llegar la desconexión humana y la necesidad de llenar los vacíos que los demás  está claro que en momentos así son el infierno, como Sartre sentenció  han dejado en nosotros, a través de algo. Sea una voz a través de un teléfono, sea una cita orquestrada por unos amigos con el único fin de aliviar tensión sexual, o un sistema operativo.

“Ésta es una historia de amor entre dos personajes, en la que uno de ellos nunca aparece en pantalla, por lo que probablemente lo más difícil era conseguir una relación compleja entre ellos, mostrando sus diferencias, pero también usando la dinámica entre ambos para explorar las diferencias que pueden haber entre ti y cualquier persona de la que te enamores. — Spike Jonze para Entertainment Weekly

Las relaciones humanas están cambiando, e incluso cuando nos han vendido la idea de que la Era Digital conseguiría conectar más a las personas, la verdad que se oculta tras ella es que sirve para acabar con la distancia espacial del medio físico en el que vivimos, pero a todos se les olvidó decirnos que Internet y las nuevas tecnologías no eran capaces de destruir otra distancia, la de los cuerpos, la que aumentan las barreras que existen entre una persona y otra. Como decían en The Third Part of the Night (1971) de Andrzej Zulawski: “Nos movemos en órbitas muy distantes entre ellas.” La sensación de alienación era algo que Jonze quería remarcar con esta película, y que consigue transmitirnos gracias a los planos de Phoenix/Theodore caminando entre la multitud en la calle, en el metro, en la playa. Lugares abarrotados pero en los que uno sigue sintiendo la soledad. La única conexión entre todas esas personas es que todos ellos no escuchan al ambiente, ni a los otros, sino a la voz que sale de su sistema operativo y que llega hasta ellos a través de los auriculares que llevan puestos continuamente en sus orejas. Un creciente aislamiento, una adicción a esa tecnología de la que ya habló Michael Gonchar en su artículo en el blog del New York Times: ¿Nos hace la tecnología más solitarios? En él se reflexionaba sobre estos pensamientos y aparecía un corto imprescindible de Charlene de Guzman y Miles Crawford que lo refleja a la perfección: Se me olvidó el móvil.

El propio Jonze es muy consciente de los efectos de esta nueva realidad en la que vivimos, y por ello lo ponía de manifiesto en la interesante y amena entrevista que le hizo la también cineasta Nicole Holofcener (Enough Said, 2013) para Interview Magazine, y recomendando en la web de Her el corto de animación: The Innovation of Loneliness de Shimi Cohen, que explica la relación entre las Redes Sociales y el sentimiento de soledad, y que podéis ver a continuación:

Holofcener: ¿Te sientes enganchado a tu móvil?



Jonze: Sin duda, miro muchas veces mi móvil para ver si tengo mensajes — en plan, “¿Me habrá escrito alguien?, ¿se acuerda alguien de mí?, ¿alguien me quiere? — hago ese movimiento de muñeca, ya sabes, cuando tienes el móvil encima de la mesa, y mueves la muñeca para ver si ha aparecido algún mensaje en la pantalla. Mueves un músculo muy específico de la muñeca que creo que sólo hemos desarrollado en estos últimos cinco u ocho años.

Pero el núcleo de Her, como ya os adelantaba, se encuentra en el punto de partida de la nueva relación de Theodore. Lo que le empuja a sumergirse en esta inusual relación: el divorcio. ¿Necesita a Samantha porque es incapaz, como le dice su ex mujer, de afrontar una relación con una mujer de carne y hueso por su incapacidad para enfrentarse a las cuestiones “reales” del matrimonio, de compartir su vida con alguien? Un momento que evoca a un comportamiento de Theodore en la relación que nos hace entender por qué le ha sido tan fácil llevarse bien con Samantha, a la que en un principio puede dar directrices, y que recuerda al momento en el que el personaje de Deborah Ann Woll en Ruby Sparks (2012) le decía al de Paul Dano que lo que siempre había querido tener era una relación consigo mismo.

Ese divorcio pesa sobre la conciencia de Theodore durante todo el filme. Y resuena en la memoria colectiva, y seguramete en la del propio Jonze, con el nombre de otra cineasta asociado al del director: Sofia Coppola. Sobre todo si tenemos en cuenta que al igual que el recuerdo de Catherine respira por todos los poros de Theodore, parece respirar la esencia de Lost in Translation (2003) por los de Her, y en última instancia la de Coppola por los de Jonze. Lance Acord, el amigo y director de fotografía habitual de Jonze se ocupó de capturar las imágenes de la aclamada película de su entonces aún esposa, pero esta vez el director ha decidido contar con el director de fotografía Hoyte van Hoytema. Elección que no ha dejado de aportar grandes similitudes visuales entre ambas películas. Hay planos paralelos en muchas escenas, convirtiendo a Her en un mudo diálogo con Lost in Translation. Theodore nos evoca a Bob, y especialmente a Charlotte, en muchas secuencias, como la respuesta masculina a aquella joven cuyo matrimonio se tambaleaba.

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Si en su día las similitudes, supuestamente no intencionadas, entre el matrimonio JonzeCoppola y el de Lost in Translation causaron gran revuelo en su estreno, no podía ser menos en el caso de Her. Sobre todo al ofrecernos una respuesta visual que va directa a despertar en nuestro subconsciente el estímulo de los lugares que ya hemos visitado  la sensación de estar volviendo a aquella extraña experiencia en Tokyo, esta vez mediante la visión de Shanghai y Los Ángeles , y retratando a otra pareja que se tambalea. La de Catherine y Theodore, podría ser de nuevo la de Coppola y Jonze. Una separación dolorosa, una Rooney Mara vestida de una forma que evoca a la directora, una relación entre dos escritores que se apoyan mutuamente en sus proyectos, se influencian, y en la que ella siente una libertad creativa que hasta entonces había visto oprimida por la presión de venir de una familia con altas expectativas, una familia de escritores. Si cambiamos la palabra escritores por cineastas, ¿no les suena de algo? Los ecos de Coppola resuenan por todas las habitaciones, esas habitaciones por las que deambula Theodore en medio de la noche, contemplando las luces titilantes de la gran metrópoli a sus pies, a través de los enormes ventanales, como la Charlotte insomne. Incluso ambos directores han descrito de forma similar ambas películas, respectivamente:

“La película, para mí, trata sobre nuestras relaciones con los demás, y nuestra necesidad de intimidad y conexión, y las dificultades que encontramos en nosotros y que la convierten en un reto – y nuestras limitaciones, que nos impiden conseguir esa intimidad o una conexión, siendo algo que necesitamos, quizá lo que más necesitamos. Esa especie de soledad y de buscar la conexión con alguien, y lo que esa conexión significa para nosotros.” — Spike Jonze para Rotten Tomatoes 

“Es sobre los malentendidos entre las personas y los lugares, el sentirse desconectado y buscar momentos de conexión. Hay muchos momentos en la vida en los que la gente no dice lo que siente, cuando en realidad estás echando de menos a otra persona, esperando encontrarte con ella en un hall.” – Sofia Coppola

¿Es esta conexión una crítica a Her? No. En absoluto. Es sólo la belleza de los paralelismos, de esa conexión entre ambas películas. Si Coppola escribía en caliente, reflejando sus propios temores en una protagonista resentida con una pareja que a penas tenía tiempo para ella; Jonze se recrea en el recuerdo de una mujer, con la que quizá todos los momentos no fueron los mejores, pero cuya visión todavía duele, y a la que en el fondo de su ser todavía alberga una última esperanza de no perder. Una esperanza que mantiene hasta una de las mejores escenas de la película, el hiriente e intimista momento de firma de los papeles del divorcio. ¿Ha escrito Jonze en Her, como Theodore, una disculpa? Nunca lo sabremos. Lo que importa es que ha sido capaz de recrear todos esos momentos con grandeza, hacernos partícipes de ellos, y hacer que pareciesen tan verosímiles como la propia vida.

Joaquin Phoenix contribuye en gran parte a ello. Está grandioso en el papel de Theodore. Es imposible, al menos para mí, no sentir lo que transmiten sus enormes ojos. ¿Sigue haciendo falta decir todo eso de este hombre con la carrera que tiene a sus espaldas? Para la Academia de Hollywood parece que sí, puesto que ni le han nominado a los Oscar. Pero no malgastaré palabras porque sería inútil y acabaría enfadándome seriamente recordando los ultrajes a otros muchos intérpretes.

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“Os diré una cosa: En todos los años y en todas las películas que he hecho, sólo he llorado dos veces en el set. Las dos en películas de Spike Jonze. La primera fue con Meryl Streep en Adaptation. La segunda fue con ese primer plano [en la cama] de Joaquin. Fue increíble. — Thomas Patrick Smith, ayudante de dirección de Spike Jonze, para Variety.

La fusión entre Phoenix y Scarlett Johansson funciona a la perfección. Amy Adams en su papel está soberbia, cómica y entrañable, y Olivia Wilde en una pequeña aparición, cumple con lo requerido a su personaje. Con Rooney Mara, Phoenix ha creado momentos mágicos que hacen que con unas pocas escenas, que pasan ante nosotros como una ilusión óptica, podamos recrear en nuestra cabeza su relación. Hay una sensibilidad especial en las imágenes entre ellos, como la que proyecta Mara a través de su mirada, y que evoca a Terrence Malick. Esa fue la intención de Jonze, rodando de forma espontánea, dejando libertad a los dos actores, apelando a la forma de rodar del veterano cineasta, a su bucolismo y su envolvente atmósfera.

“He trabajado con Charlie Kauffman en unas cuantas cosas y es un buen amigo y un gran escritor. Una de las cosas que me dijo que intenta hacer cuando comienza un guión es representar todo lo que está pensando por su mente en ese momento de su vida. Me sentí inspirado por eso y traté de hacerlo con las relaciones y nuestras vidas, con la forma en la que vivimos nuestras vidas hoy en día.” — Spike Jonze para Vanity Fair

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4.5
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Sobre El Autor

Encargada de adentrarnos en la psique de los cineastas malditos y fundadores de la Nouvelle Vague, también nos acerca a la música de influencia británica y francesa. Soñadora, rebelde y decadentista, es un hervidero de citas y referencias.

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